David Sánchez

David Sánchez: un jugador sin trucos

El pasado mes de agosto nos dejó Juan Tamariz, uno de los magos españoles más carismáticos de todos los tiempos. Y la primera pregunta: ¿Tiene esto algo que ver con el balonmano? Sí y no. El tema es que nos va a ir como anillo al dedo para construir el relato de David Sánchez, ex-jugador de la Salle Bonanova desde esta temporada, conocido, entre otras cosas, por sus juegos de cartas imposibles. Según él, «si un truco falla, no pasa nada, lo puedes arreglar. Pero en un partido, si fallas, fastidias a tus compañeros«. La frase lo resume todo. Daviz y Tamariz no se parecen en nada, pero comparten el mismo fondo: humanizar sus respectivos artes y pasarlo (todos) bien.

Extremo izquierdo de vocación, David Sánchez no tenía Marketing. A simple vista, uno más, estatura media, cero charlatán, poco espectacular (como la gestoforma del propio Tamariz barajando unas Bycicle)… pero efectivo, muy efectivo. Sus inicios son tan austeros como el propio balonmano: «En La Farigola Vallcarca sólo había una línea de deporte, y esa era el balonmano. Dio la casualidad de que se generó una quinta espectacular, porque ganamos el campeonato de Barcelona los dos o tres años que lo jugamos. Estaban Edgar, Pau Torrella, Albert, Xavi… y nuestro entrenador, David Gonzalez, que era fantástico«.

Cómo acabó David en la Salle suponemos que sería obra de los padres y los cazatalentos de antaño (Ricard Parera, Zapater), aunque en realidad las primeras notas cómicas ya empezaron en Vallcarca: «El patio de La Farigola era minúsculo. Era muy divertido porque en algunos partidos había jugadores que marcaban de portería a portería. De hecho, cuando íbamos a un campo más grande nos ahogabámos«. Tal vez por eso (no lo sé), David acabó siendo uno de los jugadores con más fondo y aguante en las carreras de fondo. Desarrolló unos gemelos que, vistos desde atrás, se dibujaban como dos alas plegadas de una gárgola de piedra. Eran, en todo caso, pequeños indicios de una magia negra (y roja) en la pista poco convencional.

En la temporada 2012/13, Dani Ariño le hizo debutar con el senior «A». En esa época, David doblaba con el «B»: «Cada partidillo que hacíamos contra el «A» me dejaba la vida. Salva me decía en esos partidillos «¡ahora es el momento, demuestra!» y ese era el objetivo número 1 de mi vida: llegar al primer equipo«. No hay trampantojos en esas palabras porque desde que subió al primer equipo, David ha llegado a jugar 12 años de forma ininterrumpida en la Salle (con breve Erasmus en Suecia de por medio). Lo más impresionante: el nivel de constancia y rendimiento que siempre dio. Él lo achaca al cara o cruz: «He tenido mucha suerte con las lesiones y eso me ha permitido estar siempre ahí. Además siempre me lo he podido cuadrar con el trabajo«. Pero en el fondo todos sabemos que esto no es equiparable a acertar una carta al azar.

Seguro, clásico, competitivo, goleador, gran segundo, mejor avanzado, capitán, rosquero, diplomático, discreto, respetuoso. Todas estas cualidades fue labrándolas desde el primer día, cuando las cosas no eran precisamente fáciles. En su primer año en el «A», recuerda que «Dani hacía las convocatorias el viernes. Y había un partido en Bordils donde Sergio Jouanneau, el otro extremo, tenía familia allí. Al decir la convocatoria me puso a mi y lo desconvocó a él… Y recuerdo irnos a duchar ese viernes, que él estaba encendido porque iba a venir su familia y lo había desconvocado. Yo, que era recién llegado, estaba allí sintiéndome mal de que me hubieran convocado…«. Dicen que el secreto de un truco no se revela, pero sólo por la posibilidad de que Sergio Jouanneau esté leyendo estas líneas, compartimos esta respuesta de David cuando le preguntamos por el jugador al que más admiraba. «Sin duda, era Sergio. La Salle hacía el torneo en Corrales y algún año que había ido recuerdo que Jouannaeu era el extremo del «A» y yo tenia un estuche de la salle firmado por él. Era mi modelo a seguir«.

Si quieres hacerte una idea de cuántos goles metía David por temporada, coge entre dos y tres barajas y cuenta las cartas por goles (eso va de 100 para arriba). A lo largo de su década y pico de trayectoria fue potenciando su lanzamiento desde el extremo izquierdo, a menudo abajo al largo, incorporando con el tiempo el recurso de rosca (también inversa). De vez en cuando tenía ocurrencias de mago genio: «Una vez le tiré una vaselina a un portero de Sant Martí que medía dos metros. Es un gol que tengo marcado«. Aunque él era más bien de sota caballo rey. Pocos porteros lo cazaban a la primera, a la segunda, o a la tercera. Aunque había uno que sí. Era el que jugaba en su propio equipo y el que, según David, siempre ha sido su gran compañero desde los ocho años: Edgar Lohse.

Echando la vista atrás, son décadas de handbol jugando juntos. Pero cuando le preguntamos por las temporadas más especiales, él lo tiene bastante claro: «Recuerdo con mucho cariño la época que doblaba com el «B» y el «A». El año de Covid que jugamos dos partidos el mismo fin de semana. Las fases de Nava y Almoradí. Y la más especial la de Valencia, por todo lo que fueron los desplazamientos, jugando contra esos equipazos, por ser lo más parecido a haber jugador a profesional y la convivencia«.

A veces me pregunto: ¿qué es el ilusionismo? Y siempre acabo concluyendo que significa dejarse ilusionar. Muchas veces te gustaría que no hubiera una lógica detrás, pero al final eres más feliz aceptando que la magia no existe o, mejor dicho, que la magia podría existir perfectamente. «Después de perder las fases de ascenso a nacional en Nava, la gente se puso a cantar canciones en el autobús. Esa alegría, pese haber perdido el partido y estar fuera de ascender, me sorprendió mucho porque yo estaba hecho mierda. Pero seguramente gracias a eso, algo dramático se vivió con alegría y ayudó a que pasara lo que pasó el año siguiente en Almoradí el año siguiente.« ¿Acaso eso no es ilusionismo?

«Muchas gracias al club y a los niños que han estado siempre en la grada animando. Como la Salle es una gran familia, ojalá pueda estar yo allí animándoles a ellos en el senior, que seguro que muchos llegan«. Juan Tamariz decía que «En la magia no hay engaño, en la magia hay ilusión«. Y a juzgar por las últimas palabras de David estoy seguro de que si cogemos esa frase tal cual y le cambiamos «magia» por «balonmano» la podría firmar él.

Por Màrius Riba.

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